31 de enero del 2020 por Leonel Vinicio Morales
        

¡Atención!



De los secretos mejor guardados en nuestro tiempo uno tiene que ser este: los adultos valoramos enormemente la atención de los jóvenes. La queremos para nuestras historias, ideas, consejos, conocimientos, y por supuesto, para cuando les damos clases. La deseamos tanto que hacemos todo tipo de esfuerzos para obtenerla. Si ellos supieran este pequeño secreto usarían el poder de darnos su atención para conseguir lo que quisieran de nosotros. Sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos, no la conseguimos.

Parte del problema es que hemos peleado tanto entre nosotros por su atención que les hemos enseñado a fraccionarla y darla por pedacitos, apenas lo suficiente para obtener la utilidad marginal adecuada de cada uno de los que la quieren.

Nos hemos concentrado en “captar su atención” quizá olvidado de algo más importante: la capacidad de darla libremente. Atender a aquello a lo que por decisión propia se elige por un tiempo dado es una acción voluntaria distintiva de una persona libre. En cambio, el distraerse irreflexivamente con cualquier cosa es alistarse para ser esclavo de quien ponga los colores más brillantes delante de nuestros ojos, la imagen más llamativa, el sonido más agradable, la sensación más placentera.

Ser capaz de poner plena atención de forma voluntaria puede ser ya una virtud rara, propia de ascetas que prescinden de la tecnología moderna. Esto también significa que es una virtud valiosa. Quien sabe poner plena atención tiene algo que los demás valoran y desean.

Otra parte del problema es que falta balance e intercambio de atención. Abundan quienes quieren atención y escasean quienes son capaces de ponerla. En las relaciones humanas sanas, la atención se reparte entre todos de forma espontánea siguiendo normas generales de educación y otras específicas que cada grupo desarrolla naturalmente. Los acaparadores suelen ver afectadas sus relaciones sociales precisamente por su necesidad de atención, que puede ser síntoma de una afección psicológica.

Lo importante es que interactuar entre personas implica intercambio: damos y obtenemos atención. El salón de clases no debe ser la excepción. Puede y debe darse un intercambio de atención entre estudiantes y profesores. Hay que diseñar actividades en las que la atención se mueva del profesor hacia los alumnos: presentación de investigaciones, reportes de proyectos, análisis de casos, y otras un poco menos usuales como apartar unos minutos al final de la clase para conversar con un grupo particular de estudiantes que requiera atención especial.

Hay que seguir hablando sobre este tema. El problema de la atención requiere atención.



Leonel Morales
Profesor
Facultad de Ciencias Económicas




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    daniel2 abril, 2020

  1. Hola, soy Daniel y trabajo en un centro de formación online que se llama Estudia en España, que prepara a estudiantes procedentes de sistemas educativos extranjeros que quieren acceder a la universidad española