16 de abril del 2020 por Luis Figueroa
        

Nunca desperdicies una buena crisis



Nunca desperdicies una buena crisis dijo Wendy Byrde, en la serie Ozark, al referirse a un dicho que en política puede implicar desde pura corrupción digna de funcionarios robavueltos, hasta violaciones a los derechos individuales.  Pero en el campo de la educación y en el de la  tecnología para la educación la frase puede anunciar cosas buenas.

Desde el punto de vista de la tecnología y los recursos para la educación, no es lo mismo enfrentar una pandemia y el confinamiento en el siglo XXI, que en el siglo XX, o en el siglo XIV.  En mi vida, el único referente que tengo de algo similar fue lo que ocurrió durante el terremoto de 1976 cuando las clases fueron suspendidas durante unas pocas semanas.  No recuerdo cuántas, pero recuerdo que no fue mucho. ¿Qué hicieron mis maestros, entonces?  Nos repartieron algo así como guías de estudio y la que más recuerdo fue la de Ciencias, que no era mucho más que preguntas y preguntas que uno tenía que resolver mediante la consulta del libro de texto y alguna enciclopedia.  Uno entregaba las preguntas resueltas y la maestra las devolvía calificadas, con correcciones. 

En cambio…ahora…la crisis no ha tenido desperdicio en términos de lo que hemos aprendido en muy corto tiempo y de los recursos que hay disponibles…incluidos los que no conocemos. 

Honradamente no creo que la educación en línea sea un sustituto para la educación presencial y para la experiencia del intercambio de conocimiento -sobre todo, y subrayo la frase sobre todo- si el ambiente presencial es socrático, de curiosidad intelectual y activo, como muchos quisiéramos que fuera.  Pero la experiencia en línea es una estupenda alternativa en las circunstancias que vivimos y será un complemento valioso para la experiencia presencial cuando la recuperemos.

Aquí hago un alto para quitarme el sombrero frente a la reacción en la Universidad Francisco Marroquín donde, al identificar las amenazas a tiempo (a finales de febrero), los equipos involucrados (que no voy a mencionar por temor a dejar a alguno afuera) se prepararon para lo que se dejaba venir; y en dos platos, el viernes 13 de marzo fue anunciada la suspensión de clases, el lunes 16 y martes 17 los profesores recibimos capacitaciones en línea para el uso de las herramientas necesarias para migrar y el miércoles 18 empezaron las clases casi, casi, tal cual. Tuve la tentación de decir, como Luis De León: Decíamos ayer.

Para mi, que soy del siglo XX , la migración implicó animarme a aprender y a explorar Zoom, mitad a pie y mitad a caballo.  Afortunadamente, con mis auxiliares (María José Saiz y Enrique Ramírez), habíamos tomado la decisión de usar Socrative desde enero y no tuve que apresurarme con esa herramienta; igual me pasó con Kahoot que ya usaba desde hace por lo menos dos años y que los estudiantes disfrutan mucho porque es competitivo y facilita mucho la participación activa en las discusiones.  Las tres, debo decir, son tan amigables que no he tenido mayores contratiempos para usarlas.  El equipo de Formación contínua y sus cursos rápidos y en línea, por otro lado, han sido muy, pero muy de ayuda para facilitar el aprendizaje.  ¡Y hay que decirlo…los estudiantes también! Me encanta cuando estamos en clase y quiero usar una herramienta -el whiteboard o los grupos en Zoom, por ejemplo- y son los chicos los que me dicen pincha aquí, o pincha allá. En el espíritu de no desaprovechar la crisis trabajamos en grupos, hacemos exposiciones breves, vemos vídeos y colaboramos para hacer productiva una experiencia que podría haber sido abrumadora. En Socrative he afinado los instrumentos de la versión gratuita y aprendí a usar una herramienta que se llama Exit Ticket, que me parece extremadamente útil para amarrar el final de la clase y tener una idea de que ha salido bien, y qué necesita mejorar. De verdad te la recomiendo.

Hay dos instrumentos que me falta explorar bien y cuyo uso estoy evaluando; no sólo para pasar esta crisis, sino para enfrentar el nuevo estado de cosas cuando logremos volver al ambiente presencial.  Uno es ProProfs -para quizes y exámenes- cuyas herramientas, en la versión pagada, permiten afinar detalles con mucha presición; y Perusall, que es para fomentar y supervisar la lectura.

No se cuál es tu experiencia; pero la mía es que lo más difícil de conseguir, en clase, es que los estudiantes lean a conciencia las asignaciones. En la experiencia presencial había empezado a abordar este reto al pedir que nadie entre a clase sin copias fìsicas subrayadas y anotadas, y al pedir que -en las participaciones- siempre citemos páginas y párrafos.  Creo que Perusall puede elevar el nivel significativamente no sólo de la experiencia lectora de los estudantes, sino el de la supervisión (que palabra tan inapropiada) por parte de los profesores.

Trato de no desperdiciar la crisis sobre todo para resolver retos viejos en ambientes nuevos. Todavia es un reto que los estudiantes no se distraigan en sus teléfonos, que lean concienzudamente, que se concentren mientras están en sus dormitorios, o donde quieran que se unan a las experiencias en línea.  Es un reto que no desayunen, o se maquillen en clase. Es un reto involucrarlos, en circunstancias de mucha incertidumbre y de ansiedad. Pero, ¿desde cuándo es que los retos son obstáculos insalvables para no desperdiciar una crisis?


Luis Figueroa
Profesor
Centro Henry Hazlitt




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